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No todos los niños y niñas tienen acceso a un computador u ordenador como tu o han ido a la escuela primaria o secundaria. Para un niño o una niña con hambre es difícil concentrarse en los estudios. Para una familia con hambre, sus hijos e hijas son manos extras para ayudar en el trabajo del campo, de la calle o del hogar. La escuela se convierte entonces en un lujo que muchas familias no se pueden permitir.
Cada año de escolaridad perdido durante la infancia reducirá los ingresos de los futuros trabajadores y la calidad de la mano de obra de un país. Si se ve desde esa perspectiva, el precio a pagar por la deserción escolar es inmenso ya que tendrá consecuencias negativas no solo en las vidas de niños y niñas sino también en la futura prosperidad de los países en que ellos y ellas viven.
Durante 40 años, el PMA ha brindado meriendas escolares gratuitas para incentivar a las familias pobres a que envíen a sus hijos a la escuela. En 2006, el programa de merienda escolar ayudó a unos 20 millones de niños y niñas en 71 países.
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